¿Podemos estar en paz en este mundo loco? - Falkeaprende

¿Podemos estar en paz en este mundo loco?

blume und berge paz

Mi respuesta es sí o sí. La paz interior no es condicionada por nada exterior. La paz interior solo depende de uno mismo.  – ¡Espera, espera! – ¿Qué es la paz? ¿Es ese estado en el que nada me turba, nada me espanta, en el que todo es bonito, amor, felicidad …?

No, no es nunca todo bonito, amor y felicidad. En este mundo en el que nos tocó vivir nunca todo es bonito, y en el mundo interior con el que vivimos no todo es amor y felicidad. En nuestro mundo interior, queramos o no, lo veamos o no, lo sintamos o no, está todo lo que hay también en el mundo exterior: odio, ira, juicio, ganas de matar, de vengarse … -¿Sigo? 

¿Cómo podemos entonces estar en paz en este mundo loco? 

En la consciencia del ser sabremos que la paz no es permanente. Nada es permanente. Ni la rabia que sentimos porque algo nos ha salido mal, ni el amor profundo que sentimos por alguien, ni la alegría de estar vivo simplemente. Nada es permanente. Y si creemos que sí que el amor es eterno, y mi felicidad también – nos mentimos a nosotros mismos. Nada es permanente, toda vida está en constante movimiento. Como el vaivén de las olas del mar, así es nuestra vida, así es todo. Los orientales lo tienen claro, o lo tenían claro con sus enseñanzas sobre el yin y el yan.  

Aprendiendo de oriente

Desde que estoy empezando a conocer el mundo oriental con su filosofía, sus conocimientos sobre el cuerpo, los males, las emociones, la medicina (medicina china, medicina Ayurveda) – me doy cuenta una vez más de lo poco que sabemos realmente en el mundo occidental sobre el ser humano, su psique, sus emociones y los porqués de su comportamiento. A esa conclusión llegué cuando entré en el mundo de la psicología en el curso de doctorado en el que me admitieron a pesar de no ser licenciada en psicología. Hambrienta por saber todo lo que no he estudiado sobre la psique, me puse a buscar literatura y leer sobre lo que se dice en la psicología sobre las emociones, las dolencias psicológicas, la personalidad, la psicoterapia. “Sabemos muy poco”, escribe también José María García García, doctor en psicología y autor de varios libros.  ¿Pero qué es “saber”?

Sabemos muy poco. – ¿Pero qué es “saber”?

¿Qué es saber? ¿Son “hechos” científicos? ¿O es cuando yo digo, lo sé porque sí? – En este mundo vivimos en constantes desengaños, – no sólo por la corrupción, la estafa, el dinero … también nos engañamos y desengañamos a nosotros mismos. Sin ir más lejos, nos creemos felices, enamorados, creemos en el amor eterno y juramos fidelidad hasta que la muerte nos separa. Prometemos, vendemos – y nos engañamos a nosotros mismos.

Y la ciencia, seamos honestos, nos engaña con números estadísticos. Muchos autores afirman que el reduccionismo científico en una ciencia como la psicología no nos ayuda a avanzar en el terreno de la psicoterapia. Más bien nos hace perder de vista lo que realmente queremos lograr entender: la salud y el equilibrio emocional del ser humano. No podemos reducir este ser complejo en números, por lo que el enfoque científico que se basa en estadísticas no llegará a ayudarnos a entender la psique humana en toda su dimensión. 

Sabemos muy poco porque no estamos 

Sabemos muy poco, no porque la ciencia no avanza lo suficiente en la investigación sobre la psique y condición humana, sino porque no estamos buscando dónde podemos llegar a saber: en nuestro interior. Es como esa historia Zen, la llave, que cuenta que alguien ha perdido la llave en su casa, pero va a buscarla en la plaza del pueblo porque ahí hay más luz. – ¿Dónde vamos a buscar conocimientos sobre nosotros mismos si no en nuestro interior? No obstante, la mayoría del tiempo estamos  fuera de nosotros, lejos de lo que es nuestro verdadero “yo”. No somos dueños de nuestros cuerpos, parecemos marionetas. La mayoría de los momentos del díano nos damos cuenta de qué estamos haciendo, no sabemos qué sentimos y no sabemos qué necesitamos.

Consciencia, aquí y ahora, presente

La clave para salir de la oscuridad es la consciencia: el sentir, el estar en el “aquí y ahora”. Eso es como abrir los ojos y ver con claridad los colores, oler los olores, escuchar los sonidos. Aunque no es tan sencillo como llamar el verde verde. Lo siento, pero es un poco más difícil. Sencillo sí es, pero no es fácil. – ¿Por qué no? – Nuestra percepción está condicionada por nuestros pensamientos, los cuales a su vez están condicionados por nuestras experiencias. Nuestro cerebro nos lleva rápidamente a lo que ya conocemos – lo encasilla, lo nombra, produce las reacciones emocionales conocidas, y listo. Y nosotros, inconscientes de todo ese proceso cerebral, creemos vivir una realidad. Creemos que es así, un hecho:  el verde es verde, punto. 

Practica, practica, practica. No te dejes engañar por la “mente”

Para saber si estamos en el presente, en el “aquí y ahora”, en la consciencia, tenemos que practicar regularmente la “no mente”. La sensación de estar, de sentir sensaciones corporales, simplemente sentir sin juzgarlas. Observar los pensamientos. Observar las emociones que van y vienen, que cambian según cómo cambian mis pensamientos u otros estímulos. Observar, estar, sentir. Poco a poco el estar, observar y sentir nos permite ver con mayor claridad. Primero, en realidad, nos enseñará cuánto nos engañamos, es decir en qué medida nos creemos lo que pensamos, y con ello, nos creemos nuestros sentimientos. Hemos de diferenciar dos términos que se suelen confundir: sentimientos y emociones. Unos son provocados por los pensamientos. Nos creemos sentir lo que pensamos. Pero en realidad, esos “sentimientos” no son reales. En nuestro cerebro dominado por los pensamientos (la “mente”, el razonamiento etc.) ocurre una cadena interminable de pensamientos y sentimientos. 

La emoción en la mente: pensamiento – sentimiento – pensamiento – sentimiento … : una cadena sin cesar

Para entender esta cadena de los sentimientos, vamos  crear aquí una muestra de esa cadena de pensamientos: “cada vez que pienso en ese niño que secuestraron me siento triste. Muy triste. Con ganas de llorar y todo. Es increíble, que hijo de puta hace eso a un niño. Qué rabia me da. Vamos, ese no merece vivir. Habría que matarlo. Vamos, si lo cogen, a ver qué hacen con él. Pero esa mierda de justicia que tenemos lo condenará a 20 años y le deja salir a los 10 años. La verdad, no hay justicia en este país … ¡qué mierda de país! ¡Y los políticos!  … No sé por qué digo los políticos. Los jefes de mi empresa son iguales. Corruptos y mentirosos. Derrochan dinero, y a nosotros nos congelan el sueldo. Hay que ver. Se le quitan a uno las ganas de vivir. Estoy harto de la mierda de vida esa. ¡Y sin solución! (…)”

Interminable. Vamos navegando eternamente en diferentes sentimientos provocados por nuestro discurso interno con el cual justificamos sentirnos de una u otra manera. Este ha sido un ejemplo de sentimientos “negativos”, pero lo mismo ocurre cuando una persona se inventa que es feliz para no cambiar su vida: para no dejar a su pareja, para no cambiar de trabajo, para no afrontar, para no tomar decisiones. Es más fácil quedarse donde está uno y quejarse de lo mal que está todo, o bien inventarse el mundo feliz de color rosa, aunque por dentro nuestro cuerpo se esté muriendo, aunque nuestro espíritu se esté marchitando. El no conectar con las emociones reales – que están moviéndose en nuestro cuerpo como sensaciones – está afectando nuestros órganos y nuestra salud en general. La no conexión con nuestro cuerpo está causando enfermedades, a veces graves e incluso terminales. 

La cadena continua sin cesar. Excepto si le damos al botón “pause”: Para, respira. Practica la “no mente

Como dicen los sabios de oriente: llenar los pulmones respirando conscientemente es llenarnos de energía pura, lo cual contrarresta los males. Los males no desaparecen. Pero cuanto más me lleno de energía pura (esto es: respirar, entrar en contacto con el cuerpo, asentar y activar las piernas, activar el diafragma, respirar conscientemente, poner consciencia a cada movimiento …) – más fuerza tiene la paz con la que lleno mis pulmones y todo mi ser, y menos fuerza tiene el mal: la enfermedad, la contaminación, la mala energía, la rabia que me entra, el automachaque, los juicios internos y externos, etc. La lista de “males” y razones por las cuales no estar en paz es larga.  

Baila, siente, practica, respira, siente, respira, practica, siente …

Baila, siente, practica Yoga, Chi Kung, Tai Chi, o cualquier deporte … da igual, mientras que llevas tus movimientos y tu respiración a la consciencia. Todo eso te ayudará a ver más claro, y por lo tanto, a distinguir la verdad del engaño, o sea el sentimiento-pensamiento de la emoción real.

¿Qué es la “emoción real”? – La palabra emoción en sí nos da la pista. Son los movimientos internos y la energía que recorre nuestro cuerpo. Las emociones están en el cuerpo, y a través de él se regulan. Los orientales saben desde hace miles de años que tanto la nutrición como nuestra manera de respirar, caminar, movernos, el ejercicio físico – todo influye y regula nuestras emociones. También la ciencia occidental está descubriendo que las personas que practican ejercicio físico consciente como yoga, mindfulness (que tomó su método de la meditación budista), la terapia de danza etc., logran regular mejor las emociones, teniendo resultados positivos en casos como la depresión, la ansiedad, los síntomas de estrés, entre otros.

¿Son verdades fiables?

Parece que “sabemos” (científicamente) algo más ya – hay investigaciones, especialmente en Alemania, sobre la consciencia, la danza y el movimiento y sus efectos en nuestra salud física y mental. No obstante, no se está tomando en cuenta lo suficiente. La medicina occidental poco toma en serio la necesidad de regular el estrés y las emociones adversas para contrarrestar enfermedades. Se sabe, pero no se sabe. Seguimos argumentando que “no hay suficientes pruebas científicas”. No obstante, la población reclama cada vez más formación en yoga, mindfulness e inteligencia emocional. Parece que se intuye que ayudaría, aunque aún no sabemos con certeza qué es lo que realmente hace que nos sintamos más equilibrados, más sanos y, al fin y al cabo, felices. – ¿Feliz? ¿Qué es la felicidad? ¿Ausencia de dolor?

¿Puedo estar feliz y en paz si no cierro los ojos ante el mal del mundo?

En la “emoción real”, me duele el mundo. Siempre tendremos dolor si miramos el mundo sin taparnos los ojos o acorazarnos el corazón. El dinero parece dominar el mundo por encima de la vida. Estando despierta y consciente, tengo que sobrevivir entre hienas, tomar decisiones, defenderme e incluso sacar los dientes. En el mundo real, despierto y consciente, tengo que buscar trabajo, saber qué quiero hacer en esta vida, luchar por ello y dejar personas o lugares, aunque me duela. En el mundo real hay dolor, alegría, felicidad, amor, decepción y frustración. Estar en el mundo despierto me obliga a luchar como los guerreros. Y aún así, no es necesario estar cargado de odio, estrés y amargura.

Siempre está la paz ahí esperándome pacientemente

Sí, puedo estar en paz. – ¿Cómo? – Practicando estar en equilibrio, consciente, arraigado con los pies en el suelo. Aceptando que la paz no es permanente, porque todo está en movimiento. La paz es uno de muchos aspectos de la vida. Y cuanta más movida hay ahi fuera, siempre puedo refugiarme en mi paz interior. Aunque no siempre la sienta, ahí está esperando tranquilamente hasta que vuelva a casa. 

¿Esa es la verdad? ¿Por qué lo sabes? ¿Quién te enseñó?

Ahí dentro, cuando estamos en casa, ahí dentro sabemos mucho. Ahí dentro habita la verdad. La verdad de la que sabe cada uno. Si ha llegado alguna vez a ella. Si alguna vez ha estado en casa. Pero, cuidado, el estar en casa no es permanente.

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