¿Necesito terapia? - Falkeaprende

¿Necesito terapia?

Para qué la terapia

¿No es cierto que todos nos sentimos de repente perdidos, desesperados, necesitados de ayuda? El problema de este asunto es la vergüenza que nos acompaña a menudo en tal estado de ánimo, por lo cual, en vez de buscar ayuda, nos encerramos cada vez más. Otros tal vez no se resisten a buscar terapia por sentirse avergonzado, sino porque no confían en que alguien pudiera entender su situación o estado. Y es cierto, en realidad nadie puede saber qué te ocurre, qué necesitas o cómo puedes volver a tomar la rienda de tu vida con seguridad y confianza.  ¿Para qué sirve entonces recibir ayuda terapéutica? 

Lo primero es el simple hecho de tomarme ese espacio y tiempo para expresar y admitir que en estos momentos no veo por dónde tirar, ni cómo hacer que me sienta mejor, en paz, a gusto. Ese primer paso sería el abrirme a alguien, contárselo a alguien quien no me juzgará, alguien quien no tendrá la respuesta ya, sino me escuchará para que pueda escucharme y ver con mayor claridad. 

¿Cuál es la vía terapéutica para salir del hoyo?

Una vez que nos hayamos visto y reconocido – un paso esencial al que no llegamos tan fácilmente como parece, aprenderemos a conocernos un poco más por dentro: Nuestra sensibilidad escondida detrás de nuestra coraza que en el paso de los años hemos construido a la perfección. Dicha coraza nos sirvió para seguir adelante y sobrevivir emocionalmente, pero cuando nos visitan momentos de crisis, ha llegado el momento de revisar nuestras propias estrategias de supervivencia emocional. Es muy probable que ahora no solo no nos sirven sino que van en contra de nuestro propio desarrollo.

Aunque no somos conscientes de ello, a menudo nuestra tristeza, apatía, depresión o ansiedad tiene que ver con el sentimiento (- o sea, la creencia) – de que no pertenecemos a este mundo, a esta sociedad, a nuestra familia etc. – “Nadie me entiende”, es a menudo la sensación que tuvimos en la adolescencia, “¿para qué hablar si no me escucharán?”

Aunque con el paso de los años, nuestro sentimiento o nuestra creencia, o nuestro dolor, parece haber  desaparecido, puede ser que se haya quedado en segundo plano – escondido, pero aún activo. Lo hemos tapado con nuestros tantos quehaceres, con ciertos hábitos y manías, con defensas varias, con orgullo, con éxito … – Si de niño o joven adolescente sentimos que no podemos ser tal como somos, si  no nos sentimos aceptados y valorados tal como sentimos que somos, es muy probable que aquella sensación se quede grabada en alguna parte del cuerpo. Y puede ser que un estímulo sutil  desencadene un recuerdo difuso, sin ser recordado realmente, pero creando un malestar en nuestro alma que nos hace perder el rumbo, la seguridad, la autoestima, la alegría, la claridad en el pensar.

Encontrar tu propio camino, no el de otros

Desde mi forma de verlo, la vía terapéutica es ayudar a la persona a conocer y encontrarse con su verdadero ser, y a raíz de esa consciencia encontrar de nuevo su propio estilo de vivir la vida. Nadie puede decirnos cuál es nuestro rumbo: Ni nuestros padres, ni los profesores, ni amigos, ni parejas, ni un terapeuta siquiera.  Cada persona ajena a nosotros mismos corre peligro de proyectar sus propias ideas, deseos y creencias en nosotros. Todos y cada uno de nosotros tiene su propio estilo, y encontrarlo sería en realidad el verdadero sentido de la vida. Si no nos encontramos dentro de ese nuestro camino vital, nuestro “plan de vida”, puede que nos ronde un permanente estado de desmotivación y falta de ánimo, falta de energía etc. En las sesiones de terapia, podemos descubrir a través del cuerpo qué ideas, vivencias o incluso traumas ocultos  nos están haciendo daño o nos están bloqueando en el día de hoy. Podemos encontrar nuevas formas de afrontar los retos de la vida a través de nuevas maneras de sentir nuestro cuerpo: Nuevas maneras de respirar, nuevas posturas, nuevas maneras de expresarnos verbal y corporalmente. Ese cambio de consciencia corporal cambiará también nuestra manera de pensar, y puede ayudar a encontrar el coraje para levantar el ala y volar: Salir al mundo sin tantos miedos, con consciencia de lo que uno es, con fuerza y seguridad y con la certeza de que somos libres.

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