El dolor del mundo - Falkeaprende

El dolor del mundo

dolor

Sí, es cierto, me duele el mundo. Y sé que soy quizás parte de un pequeño porcentaje de seres de nuestra sociedad que vive el mundo de la incomunicación, la corrupción, la injusticia, la mediocridad, etc., con tristeza y dolor. Puede ser que algún que otro “coach” o psicólogo me propondría hacerme con una piel más dura, dado que para poder sobrevivir es necesario tener una cierta coraza, un chubasquero para que me “resbalen” las cosas, o lo que fuera que me pudieran decir. 

Desde que era bastante joven, uno de mis ídolos era gente como “Konstantin Wecker” quienes hablaban de que querían seguir siendo sensibles, querían que le siguieran doliendo las cosas, por mucho que hayan sido heridos. Yo recuerdo que a lo largo de mi vida tomaba una y otra vez esa determinación: No voy a volverme dura y acorazada. No quiero, no me sale, no quiero, no quiero, no quiero. Como una niña pequeña, pataleando en el suelo, recuerdo que una y otra vez me negaba a escuchar esas voces “tienes que aprender que no te duelan tanto las cosas” … 

Descubriendo el cuerpo

En mi camino por el crecimiento personal, el autoconocimiento y el trabajo corporal, he sido bastante “mala discípula” en esto de hacerme más fuerte y derrumbarme menos en el dolor – hasta que descubrí literalmente el cuerpo como esencia de la vida, de mí, de mi vida, mi ser, mi alma. Mi cuerpo interior es donde habita mi alma, donde están las respuestas a mi búsqueda para poder estar en el mundo. Es ahí donde he visto que mi dolor no es un lamento lleno de quejas de la que se hace la víctima. Aprendí no lamentar sino entrar en el dolor, sintiéndolo y respirando. Aprendí que ningún asunto de conflictos, por muy complicado que fuera, es apocalíptico. Tampoco lo es una pérdida, por muy duro que se presenta. Es simplemente una situación que duele. Si miro muy adentro, respirando y soltando todos los músculos que retienen literalmente las lágrimas y la sensación de tristeza, veo que más que dolor es tristeza lo que a veces me abruma y me sigue enturbiando la luz que hay en mí y en mi alrededor. Y mirando con más consciencia y detenimiento, veo que hay manos que abrazan, una voz que canta con amor, palabras que comprenden, animan, comparten amor. Viendo el amor en mí y en las cosas que me rodean, no me quedo en la tristeza – también sonrío, también siento alegría y sí, felicidad. Cogida de la mano de esa felicidad real, sentida y vivida con honestidad, está la tristeza por el mundo, el “dolor del mundo” que decía mi maestro Antonio Pacheco. Siempre tendremos dolor, dijo, porque cuando vemos el mundo con el corazón abierto y con consciencia, nos dolerán las cosas que vemos. 

Sostener el amor. Sostener el dolor.

No es necesario ir a los “clichés” del “dolor del mundo”: La guerra, el abuso de un niño, la violación, el maltrato de las personas, …. – El simple hecho de que a veces la comunicación no es posible cuando una persona se siente herida por cualquier acto o palabra; el hecho de que no hay manera de aclarar una situación, un malentendido, un desencuentro; el hecho de que una persona ataca públicamente a otra persona por enfadarse con ella, aunque no tenía ninguna mala intención de hacerle daño – ese hecho de que no somos capaces en lo más pequeño y aparentemente sencillo de vivir juntos en este planeta sin “sacarnos los ojos” – ese hecho me resulta triste y doloroso. Encontrarme con personas que me dan la espalda y dejan de hablarme, me “ponen verde” delante de otros, me mienten y me engañan de diferentes maneras, la falta de honestidad, – son situaciones que han sido algo muy recurrente en mi vida. En mi camino de búsqueda, me he preguntado una y otra vez qué es lo que tengo que aprender para que me vea tantas veces en este tipo de situaciones que, en último término, vivo como decepción. Tal vez, en mi visión idealista del ser humano al que no quería ver como “malo” de ninguna manera, no me he permitido ver las cosas más sencillas: Simplemente tenía y tengo que aprender que las cosas son como son. Como me dijo mi amigo Manuel Mora: En esta vida, y en la de nuestros ancestros, hay todo esto: guerra, abuso, asesinato etc. ¿Nos extraña que estemos así? Que sigamos repitiendo “la guerra” en lo más pequeño, es decir, en la relación directa, entre los seres humanos. ¿Nos extraña que estemos ciegos cuando se trataría de ver al otro como otro ser humano más que está herido? Hay de todo en este mundo, y detrás de todo lo que hay, hay historias, hay dolor, traumas, heridas, abusos. Estamos acorazados para no enterarnos de ese dolor del mundo. Es como es, y dentro de todo este mapa de personas, historias -inconscientes y conscientes -, heridas y relaciones dolorosas, aún es posible el amor. Aunque escondido, podemos ver que existe. Pero, ¡ojo a mi idealizadora! – Nadie es sólo amor. Como dicen los Yoguis: Estamos aquí porque aún no hemos aprendido lo suficiente. 

Esto es lo que tenemos aquí en la tierra: Amor y dolor – y sus compañeros inhibidores del amor y del dolor: Miedo, odio, violencia. Luz y sombra, claridad y oscuridad. No todo es amor y armonía. Pero detrás del odio, el miedo y la violencia hay una profunda necesidad vital: el amor. 

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