El complejo asunto de la respiración, el estrés y la ansiedad - Falkeaprende

El complejo asunto de la respiración, el estrés y la ansiedad

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Decir “tranquilízate, ¡respira!” casi se ha puesto de moda. Antes de entrar en el tema de la respiración que sí es importantísima, un aviso: no os recomiendo decirle a una persona furiosa que respire – es muy probable que se ponga aún más furiosa. Cuando estamos a punto de explotar, primero hace falta descargar la energía acumulada. Un cuerpo cargado de ira es como una olla a presión, así que, si intentamos   tapar la válvula con la frase “respira”, es muy probable que explota. 

La descarga es necesaria antes de llegar a la calma

El asunto no es tan sencillo como simplemente decir “respira”. Cuando estamos furiosos necesitamos descargar primero: corriendo, bailando, gritando, pataleando, rompiendo un palo, tirando cojines, pegando golpes en la cama con las manos y con los pies (…) – estos son ejemplos de herramientas “terapéuticas” que podemos usar para descargar si no queremos explotar, echándole una bronca al primero que nos pille cerca. Y bueno, si elegimos pegar un grito, expresar el enfado abiertamente, decir “¡a tomar por el c…!” o semejantes, allá también cada cual. Si se molesta alguien, habrá que atenerse a las consecuencias, o disculparse. Ahora bien, algo es seguro: las personas que expresan con facilidad sus emociones, también esas del enfado y disgusto, no sufrirán tan fácilmente ansiedad. Puede que sufran otras cosas,  pero no ansiedad. 

Una persona cargada no puede comenzar a “respirar tranquilamente”

No, no estoy diciendo que seamos unos energúmenos desagradables y agresivos. – Se está complicando la cosa. El asunto aquí es tener una válvula de escape cuando las emociones se acumulan en nuestro interior. La complicación es que ni siquiera somos conscientes de que están ahí dentro. Una vez reconocida y expresada la emoción, podemos respirar y encontrar la calma y la paz interna, antes es complicado. Puede que tengamos un momento de paz cuando nos paramos a respirar, pero en cuanto volvamos a la vida (o debemos decir, “a la guerra”?), ahí está otra vez el malestar.

La importancia del “autoconocimiento”

Cuando alguien nos dice “¡respira!”, nos está viendo a punto de explotar. En ese momento, decirnos “¡respira!” puede ser la gota que colma el vaso. Pero eso no lo sabe la otra persona, ni nosotros mismos. Y ahí está el mayor problema. No nos vemos a nosotros mismos. Verse a si mismo no es posible si no miramos hacia dentro. Los demás nos hacen de espejo, y con ello nos brindan la oportunidad de saber algo sobre nosotros y aprender una lección, pero nosotros nos enfadamos con ellos y nos cerramos, ofendidos, a la posibilidad de entender algo más sobre nuestros sentimientos reales que nos mueven y nos hacen caminar por la vida. Caminamos por la vida sin conocernos, sin aprender las lecciones que nos “regala” la vida, – o dicho de otra manera, sin respirar con todos nuestros sentidos, con toda consciencia.

¿Y eso que tiene que ver con aprender a respirar?

No podemos conocernos través de la mente. Lo que nos dice la mente de nosotros es mentira, es lo que queremos ver de nosotros, no lo que realmente somos, o bien, lo que realmente sentimos en nuestro interior. Salir de las eternas definiciones de uno mismo, o sea, del autoengaño en el que nos estamos enredando una y otra vez, de manera inconsciente, solo es posible cuando nos paramos a sentir, – y el primer paso de ese pararnos a sentir es respirar. Respirar nos permite un encuentro con nosotros mismos. Y ahora viene el siguiente problema: ¿y si ese encuentro conmigo no me gusta? – Pues, puede ser que no estés en paz contigo mismo. De hecho, no estar en paz con uno mismo es algo tan frecuente como es el fenómeno de la ansiedad y del estrés. 

La respiración profunda y tranquila calma el corazón

“Aprender a respirar” es, sin duda, el camino hacia aprender a calmar la mente y a salvarnos de los efectos secundarios del estrés: la ansiedad, la alta tensión, problemas de espalda, etc. La respiración y el corazón están directamente ligados. En el momento que calmemos nuestra respiración, nuestro corazón comienza a calmarse. Una respiración consciente y tranquila calma nuestra mente: le decimos a nuestro cerebro que estamos a salvo. 

¿Así de fácil? ¿Aprender a respirar y ya está?

Me gustaría deciros que simplemente hay que aprender algunas técnicas de respiración, y ya nos liberamos de la ansiedad, el estrés y todos sus efectos secundarios. Pero no os puedo prometer eso. Para realmente calmarnos con la respiración debemos  reconducir nuestra mente – esa que dice que la gente nos hace daño, esa que dice que el mundo es injusto conmigo, la que dice que algo grave va a pasar. Y por mucho que lo intentemos, no podemos reconducir la mente con la mente. Tenemos que acompañarla con nuestra respiración y consciencia corporal, comenzando a sentir nuestro cuerpo y los movimientos que hacemos con nuestros músculos, nuestros tendones, huesos. Movernos con consciencia nos ayuda a conocernos un poco más, aceptar nuestra lucha interna y comprender que de verdad “estamos a salvo”, que no vale la pena luchar contra monstruos invisibles, pero sí conocer los “monstruos internos” que nos impiden ser felices. 

Cómo entonces puede ayudar la terapia?

Dijo Moshe Feldenkrais, fundador del método que tiene su nombre: “Voy a ser vuestro último profesor. No porque vaya a ser el mejor que jamás hayáis encontrado, sino porque vais a aprender a aprender. Cuando lo hayáis aprendido os daréis cuenta de que no hay profesores, que sólo hay personas que aprenden y personas que aprenden a facilitar el aprendizaje”.

En la terapia pasa algo parecido: no puedo quitarte tu ansiedad, tu conflicto, tus miedos. Puedo ayudarte a que aprendas a calmar tu mente, y acompañarte en el proceso de conocer y modificar tus pensamientos y creencias que, en vez de ayudarte, boicotean tu propio camino. 

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